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Cine y Educación: dos profesores de literatura, dos escenas pasionales

Dos películas, dos profesores, dos momentos diferentes de sus vidas, dos contextos y un tema en común: literatura, ideales y pasión. Quiero compartir con tod@s vosotr@s dos fragmentos de celuloide reflexivos y deliciosos que exploran desde la literatura la labor docente, el poder de cambiar las cosas y el compromiso que podemos adquirir con lo que nos mueve.

Para la entrada he seleccionado dos películas: el club de los poetas muertos (1989) de Peter Weir  y Lugares comunes (2004) de Adolfo Aristarain. Aunque tienen argumentos diferentes y exploran horizontes geográficos y temporales distintos, ambas tienen muchos puntos en común en cuanto a reflexiones relacionadas con las educación y otros temas universales que no voy a desvelar por si no las habéis visto. Me gustó hilar dos fragmentos, dos reflexiones, dos discursos pasionales de dos profesores que coinciden en su área: la literatura, pero sobre todo en su coherencia por lo que hacen y sienten.

Por un lado está el que pronuncia el profesor Keating en sus sus primeros días de clase junto a su grupo de estudiantes de un elitista y estricto colegio privado de Nueva Inglaterra. Y otro el que pronuncia el profesor Fernando Robles a sus estudiantes universitarios justo después de conocer su forzosa jubilación como profesor. Dos discursos que formulan y plantean preguntas, reflexiones que compartir y que se pueden usar para generar dinámicas, conversar con compañeros y/o alumnos/as. Pasen, lean y vean.

_Fragmento del Club de los Poetas Muertos.

Señores, abran el libro por la página 21 de la introducción.

Señor Perry, ¿quiere leer el párrafo inicial del prólogo, titulado “Entender la poesía”?

“Entender la poesía”, por J. Evans Pritchard, doctor en filosofía. “Para entender a fondo la poesía debemos antes familiarizarnos con su métrica, rima y figuras retóricas, y luego hacernos dos preguntas: una, ¿con cuánto talento se ha conseguido el objetivo del poema?, y dos, ¿qué importancia tiene dicho objetivo?  La pregunta uno mide la perfección del poema, la pregunta 2 su importancia, y una vez estas preguntas están contestadas, determinar la grandeza resulta una tarea relativamente fácil. Si la medida de perfección del poema se coloca en la horizontal de una gráfica, y su importancia se marca en la vertical, entonces calculando el área total del poema tendremos la medida de su grandeza.  Un soneto de Byron puede puntuar mucho en la vertical, pero sólo lo normal en la horizontal. Un soneto de Shakespeare, por otra parte, medirá mucho horizontal y verticalmente, dando un área masiva total que nos revelará que el poema es verdaderamente grande. Al ir viendo los poemas de este libro, practiquen este método de medición, al aumentar su habilidad para evaluar los poemas de esta manera, también aumentará su disfrute y comprensión de la poesía”.

Un excremento: eso me parece el señor Evans Pritchard. No se trata de tuberías, hablamos de poesía. ¿Cómo se puede describir a la poesía como el concurso de Miss América? “Si, me gusta Byron, le doy 42 puntos pero le fallan las piernas”

Quiero que todos arranquen esa página. Adelante, arranquen la página entera. Ya me han oído, arránquenla. ¡Arránquenla! ¡Vamos, arránquenla!

Gracias, señor Dalton.

Señores, hagan el favor de arrancar esa página. Arranquen la introducción entera. Quiero que desaparezca, fuera, que no quede nada. ¡Arránquenla, vamos! ¡Hasta nunca J. Evans Pritchard, doctor en Filosofía! ¡Arranquen, rompan, hagan trizas, arránquenla! Sólo quiero oír cómo arrancan al señor Pritchard. Haremos un rollo y lo pondremos en el váter.

No es la Biblia, no irán al infierno por eso. En trocitos pequeños, que no quede nada. ¡Arránquenla! ¡Rómpanla! ¡Sigan rompiendo, señores! Esto es una batalla, ¡una guerra! Las víctimas podrían ser sus corazones o almas. Gracias señor Dalton.

¿Ejércitos de estudiantes que avanzan midiendo la poesía? ¡No! ¡Aquí no los tendremos! Se acabó el señor Evans Pritchard.

Ahora, querida clase, aprenderán a pensar otra vez por sí mismos. Aprenderán a saborear las palabras y el lenguaje. A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo.

A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo.

Veo que el señor Pitts piensa: “La literatura del XIX no tiene nada que ver con la escuela de comercio o la facultad de medicina”. ¿Verdad? Es posible.

El señor Hopkins quizá también piense: “Sí, deberíamos limitarnos a estudiar al señor Pritchard, aprender la rima y métrica y olvidarnos de intentar alcanzar otras ambiciones”.

Les contaré un secreto. Acérquense. ¡Acérquense! No leemos y escribimos poesía porque es bonita, leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana, y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos.

Citando a Whitman: ¡Oh, mi yo!, ¡oh, vida!, de sus preguntas que vuelven, del desfile interminable de los desleales, de las ciudades llenas de necios. ¿Qué de bueno hay en estas cosas, oh, mi yo, mi vida? Respuesta: Que tú estás aquí, que existe la vida y la identidad, que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso. Que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso…

¿Cuál cederá su verso?

_Fragmento del Lugares Comunes

Guarden los apuntes. No vamos a hablar de Rayuela. Terminen de leerlo los que no lo hayan hecho y léanlo bien, no se dejen engañar por la forma o por el humor de Cortázar: es la historia de amor más desgarrada que conozco.

(Mientras habla se levanta de su asiento y se acerca a la primera fila de alumnos).

¿Alguien tiene un cigarrillo?  Gracias. Espero que sientan el mismo placer que sentí yo al leerla. Si no les mueve un pedo, los que se joden son ustedes.

Cuando termine el año casi todos serán profesores. De literatura no saben demasiado, pero es suficiente para empezar a enseñar. Eso no es lo que me preocupa. Me preocupa que tengan siempre presente que enseñar quiere decir mostrar. Mostrar no es adoctrinar, es dar información pero dando también, el método para entender, analizar, razonar y cuestionar una información. Si alguno de ustedes es un deficiente mental y cree en verdades reveladas, dogmas religiosos o doctrinas políticas, sería saludable que se dedicaran a otra profesión, a predicar en un templo o desde una tribuna. Si por desgracia siguen en esto, traten de dejar las supersticiones en el pasillo antes de entrar al aula.

No obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria, no sirve. Lo que se impone por la fuerza se rechaza y en poco tiempo se borra. Ningún chico será mejor persona por saber de memoria en qué año nació Cervantes. Pónganse como meta hacerlos pensar, que duden, que se hagan preguntas. No los valoren por las respuestas, las respuestas no son la verdad, buscan una verdad que siempre será relativa. Las mejores preguntas son las que se vienen repitiendo desde los filósofos griegos. Muchas ya son lugares comunes, pero no pierden vigencia: Qué, cómo, cuándo, dónde, por qué. Si en esto también aceptamos eso de que “la meta es el camino”, no nos sirve como respuesta. Describe la tragedia, pero no la explica.

Pónganse como meta hacerlos pensar, que duden, que se hagan preguntas.

Hay una misión o un mandato que quiero que cumplan. Es una misión que nadie les ha dado pero que yo espero que ustedes, como maestros, se impongan a sí mismos: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez. Sin límites. Sin piedad.

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Espero que os hayan gustado. Si queréis verlas solo tenéis que pinchar en cada uno de los fotogramas y os llevarán directamente a su visionado.

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